Ecopsicologia
ecologia espiritual

Experiencia de trabajo con la autorregulación psíquica en grupos de niños y padres en la ciudad de Brno (República Checa) T.Matyatkova

El material original usado para desarrollar el programa de nuestras clases fueron las anteriores publicaciones del Dr.Antonov. También confiamos en nuestra experiencia de enseñanza basada en el sistema de autorregulación psíquica desarrollado por el Dr.Antonov, en nuestra experiencia didáctica en la educación preescolar, y en nuestro amor por la danza y la poesía. Hicimos uso, además, de las obras mencionadas en la bibliografía de este libro [46-56].

El curso descrito a continuación está planificado para tres meses de trabajo. El grupo se compone de niños de 5-10 años de edad (12 a 15 personas), de sus madres y abuelas jóvenes, así como de «ayudantes» —chicas de 12 a 15 años de edad—. Las clases se imparten una vez a la semana en el gimnasio de la escuela. Cada clase tiene una duración de al menos 2 horas.

El programa de las clases es el siguiente:

1. Introducción (meditación introductoria).

2. Parte principal:

a) calentamiento,

b) ejercicios psicofísicos,

c) danza espontánea,

d) juegos meditativos,

e) ejercicios físicos (asanas de hatha yoga, etc.),

f) juegos dinámicos (en el gimnasio o en un parque),

g) relajación.

3. Parte final:

a) presentación de diapositivas acompañadas de música,

b) escuchar música,

c) cuentos de hadas,

d) pintura,

e) juegos de rol (juego de cuentos de hadas, situaciones, etc.), juegos dinámicos.

f) conversaciones con los padres, meditaciones finales, etc.

Cada clase en particular no incluye todos los puntos del programa.

El principal objetivo de las clases es desarrollar en los niños el amor a los padres, a los amigos, a la naturaleza y hacia todo lo que vive. Las charlas con los padres también van dirigidas a este fin.

Meditación introductoria. Este es un ejercicio en el que los niños desean alegría y amor a todo lo viviente. Visualizan un sol en el interior del pecho y comienzan a acariciar todo con sus rayos-manos. Lo hemos enriquecido con otro ejercicio llamado «vaciando la olla». Se hace así: todos se sientan sobre sus talones, lentamente inclinan la cabeza hacia el suelo y «derraman» todo lo que se supone que no ha de estar ahí (incluyendo, en los adultos, los pensamientos sobre el trabajo y la casa). Tanto a niños como a adultos esta analogía les gusta: sus cabezas son como pucheros con asas, bellamente pintados, que han de vaciarse de agua sucia para llenarse de agua fresca y pura.

Esta introducción armoniza el grupo. Algunos niños y adultos comenzaron a usarla en casa para sintonización emocional positiva.

Enviar soleados rayos de amor a los miembros ausentes del grupo se ha convertido en una tradición en nuestras clases.

La parte principal del programa consiste en la alternancia frecuente de movimiento y reposo. Es de lo más adecuada para la manera de trabajar de los niños. Incluye breves relajaciones durante las cuales todos los participantes «respiran con sus estómagos» como gatitos que se acurrucan y ronronean hechos una bola, o como conejos que recuperan su aliento después de correr. En general casi todos los niños y mayores participan activamente en este juego, acostumbrándose a los roles de los animales. Si algunos niños hiperactivos tratan de huir a los aparatos de gimnasia (que tanto les atraen) resolvemos este problema asignándoles los papeles principales en los juegos.

Durante las relajaciones nunca forzamos a los niños a permanecer en posturas estáticas o con los ojos cerrados durante mucho tiempo. Es importante señalar que durante tales ejercicios la mayoría de ellos se sientan junto a su madre, su abuela o una ayudante, lo que facilita significativamente la realización de los mismos. El contacto con una persona mayor cercana es un importante factor emocional para los niños, del cual carecen en muchos casos.

Si queremos consolarles en caso de caídas, raspones o choques, les abrazamos y acariciamos. Este ejercicio es uno de sus preferidos. Se desarrolla en ellos la bondad, la compasión, la ternura, la actitud de cuidar unos de otros. Es un excelente medio para el desarrollo ético y emocional, y uno de los recursos de socialización.

Calentamiento. Para entrar en calor usamos el movimiento y juegos de meditación, correr y ejercicios dinámicos de hatha yoga.

Ejercicios psicofísicos. Consisten en la combinación de movimientos físicos con la autosugestión. Para el propósito de nuestro trabajo con los niños, se modificaron, por ejemplo, añadiendo los siguientes textos:

«La semilla germina, la planta joven crece, el capullo de la flor se abre, la flor crece hacia el sol…»

O: «El polluelo rompe su cáscara, despliega sus alitas, y ¡se encuentra en la luz del sol!…»

O bien: «Somos flores; nos bañamos en la luz del sol y nos llenamos con ella, de modo que después podemos darla como una fragancia y un néctar para las abejas y las mariposas.»

Danza espontánea. Los ejercicios psicofísicos se pueden convertir de forma totalmente natural en danza espontánea: movimientos libres y armónicos del cuerpo (o incluso lúdicos, en el caso de los niños) definidos por la música o la visualización. La danza espontánea ayuda a mejorar los propios estados emocionales y físicos, elimina el aislamiento y expulsa la fatiga de niños y adultos. A los niños les gusta usar para este baile sobre todo las siguientes meditaciones: sentirse como mariposas revoloteando sobre prados, como suaves nubes, globos, flores que emiten fragancia, algas «ondeantes», hojas de otoño brillantes o copos de nieve que bailan en el aire, y cosas similares.

Juegos meditativos. Desarrollan, ante todo, la capacidad de pensar figurativamente. Con su ayuda, la educación ética y estética se lleva a cabo de forma natural, sin violencia, como un juego. Los niños se imaginan a sí mismos en algún papel (usualmente un animal, una flor, etc.), se familiarizan con él, y libremente expresan sus emociones vía movimiento.

Los temas para los juegos de meditación pueden surgir de la vida cotidiana de los niños, de cuentos de hadas, o se pueden inventar según la edad de los niños. Pueden ser, por ejemplo, prados vivientes con flores o juguetes en sus cuartos. Los temas para juegos de meditación pueden ser como estos: «cómo se levantaba el sol» [51], «cómo una chica caminaba por el bosque, recogía bayas y se encontró con diferentes animales», «cómo planté una semilla, cuidé de la planta y se convirtió en una flor», «cómo creció un cachorro, lo que aprendió, lo que sabe y lo que puede hacer», «qué es lo que pasó con los monos que huyeron del zoo al bosque», y así sucesivamente.

Las asanas de hatha yoga se incluyen en el programa como un componente de los calentamientos, juegos de meditación y al aire libre, sobre todo en su variante dinámica; en ellas los niños permanecen en posturas por un corto período de tiempo. Las posturas estáticas son difíciles para los niños pequeños.

Juegos dinámicos. Significan la cooperación activa de todos los participantes en las que todos juegan su propio rol. A diferencia de los juegos de meditación, los juegos dinámicos se centran en el movimiento activo, entrenando la reacción, la atención y la velocidad de los niños y desarrollando la coordinación de movimientos. Pueden incluir juegos de persecución y otros. A los niños les encantan los juegos que incluyen correr.

Estos son algunos juegos dinámicos: El avión (despegue, ascenso, vuela rápido entre nubes y aterriza); otro similar llamado el tren (el tren sale, acelera, pasa por un túnel, llega a una estación, etc.) [48,54,56]. Estos son algunos juegos de correr: el viento se acerca y nos lleva, empieza a llover; los caballos corren (libres, o tirando de un carro, o con obstáculos); el carrusel (crear un círculo, sosteniendo una cuerda gruesa, y el «carrusel» gira, lento o más rápido; se para, y cambia de dirección. A los niños les encantan los juegos de movimiento y de correr. Los necesitan como un medio de relajación.

Otro juego favorito de los niños es imitar posturas y movimientos de animales [49,51], como un gato, un perro, un tigre, un león (estirar las patas, arquear la espalda o, por ejemplo, «el gato que bebe leche», «el gato se mira la cola», «el gato observa una mosca», etc.).

También puede incluir caminar con las rodillas flexionadas (imitar a un pato o ganso al caminar).

O bien: un gorrión que salta, el andar orgulloso de un gallo, o una cigüeña caminando lentamente, con dignidad, etc.

O: terneros, potrillos retozando a cuatro patas, ranas saltarinas o conejos.

O: mariposas volando (los brazos siendo las alas).

O bien: un pequeño gusano, serpiente o cocodrilo: nos arrastramos por el suelo, levantamos la cabeza y la giramos de uno a otro lado. Los juegos dinámicos se pueden combinar con ejercicios de respiración. Por ejemplo: «somos una brisa, un viento, un torbellino», y soplamos fuerte como el viento, o inflamos una pelota hinchable. O bien: después de correr, en la relajación: inhalamos aire a fondo con la barriga, como cachorros tratando de recobrar el aliento en la madriguera de su madre. O: la imitación en voz alta de las voces de los animales: maullidos, ladridos, rugidos de tigre, mugidos, balidos, ronroneos, croar, arrullos, siseos, zumbidos, graznidos y similares. O «soy una flauta»: pulse en las teclas (diferentes partes del cuerpo) y produciré diferentes sonidos: en el vientre, aaa; en el corazón, yaaa; en la garganta, meee; en la frente, iii, y así sucesivamente. Al principio los niños tienen miedo de pronunciar sonidos en voz alta, pero en seguida lo dominan y juegan con sumo placer; les gusta en especial el «sonido del corazón».

Relajación de cuerpo y mente. Usamos la relajación para descansar tras los ejercicios dinámicos y para entrenar la capacidad de los niños para relajarse. Con los pequeños lo mejor es entrenar la relajación en parejas [57]. Un niño representa, por ejemplo, una muñeca de trapo, y el otro levanta y baja los brazos y las piernas de la muñeca o mueve su cabeza. Otra variante es el Juego del carro: un niño yace con su espalda sobre el suelo limpio y el otro le toma por las piernas y le mueve por la sala. Los niños también pueden hacer la Relajación de un tigre [49], el Descanso de un cocodrilo, etc.

Durante la relajación final utilizamos elementos del entrenamiento autógeno del Dr. Schultz («piernas pesadas, piernas calientes», etc.). Sin embargo, este entrenamiento se ajusta mejor a estudiantes adultos. En la mayoría de los casos, la relajación final se acompaña de música o visualización de imágenes de la naturaleza. También se puede usar la poesía y los cuentos de hadas relajantes (Los cuentos del gato o Cómo la muñeca se quedó dormida; ver [51]).

Cuentos de hadas con una orientación ética, son leídos por el instructor o una ayudante mientras el instructor habla a los padres.

Pintura. Temas para la pintura pueden ser escenas de cuentos de hadas, la expresión libre de impresiones que se han tenido en la clase, etc. Los niños también pueden pintar juntos un cuadro común en una hoja grande de papel. Por ejemplo, se pueden pintar peces pequeños alrededor de un gran pez-mamá.

Fiestas. Los días festivos organizamos una fiesta al final de la sesión. Preparamos «una mesa mágica» con varios platos de la dieta ovo-lacto vegetariana: frutos secos, fruta fresca y seca, etc. Al empezar todo el mundo expresa gratitud a quienes cultivaron estas frutas y cocinaron los platos. Sólo después de esto empezamos a comer.

Nuestra experiencia muestra que la primera vez los niños se lanzan sobre la comida y sólo tras un recordatorio irán a ofrecérsela a las madres y a otros. Esto demuestra que es muy necesario desarrollar en los niños una actitud cuidadosa y desinteresada hacia las personas de su entorno, por ejemplo, durante dichas fiestas.

Los juegos de rol ayudan a formar correctamente la individualidad del niño; los niños desarrollan relaciones sociales sanas, mediante el aprendizaje de roles sociales a través de un juego. En nuestro caso específico de trabajo con niños estas conexiones sociales abarcan la relación con sus iguales así como con los adultos, incluidos los padres.

Uno de los juegos favoritos de nuestros niños es Guiar al ciego: se juega en parejas; un niño tiene los ojos vendados y el otro le guía. Varias parejas juegan a este juego a la vez. Se mueven superando obstáculos y tratando de no chocar. Este juego desarrolla la confianza mutua, la simpatía, la responsabilidad y la capacidad de entendernos.

Para desarrollar el altruismo y agudeza de observación usamos el juego Atrapa las hojas que caen. Para ello, hacemos «hojas» de papel y las tiramos al aire. Los niños tienen que cogerlas al vuelo. En este juego al principio los niños exhiben mucho egoísmo: rara vez quieren dar a sus «hojas» a otros que capturan menos.

Uno de sus predilectos es el juego preescolar Mirlo. En este juego los niños están en parejas, dicen un texto simple y se tocan entre sí; al final, se abrazan: «Yo soy un mirlo, tú eres mirlo, tengo una nariz, tienes una nariz» (todos apuntan primero a su propia nariz, y luego a la nariz de su pareja), «las mías son suaves, las tuyas son suaves» (apuntan a las mejillas), «los míos son dulces, los tuyos son dulces» (labios), «yo soy tu amigo, tú eres mi amigo. ¡Nos amamos!». Al decir «¡Nos amamos!», se abrazan. Y luego cambian de pareja.

* * *

Las charlas con los padres también son una parte importante del programa. Mientras conversamos con los padres, las ayudantes dividen a los niños en pequeños grupos, les leen cuentos de hadas, dibujan, hacen ejercicios en aparatos de gimnasia, juegan con una pelota, ven fotos…

En estas charlas con las madres y abuelas les familiarizarnos con los fundamentos de la Escuela espiritual del Dr. Antonov; hablamos del Camino hacia Dios a través del amor, la sabiduría y el poder. También se puede hablar de los principios de yama y niyama [9], sobre el desarrollo de los niños con la ayuda del movimiento, el canto; sobre educarles con el ejemplo de los padres; también hablamos acerca de la nutrición «sin matanza», como una parte de la ética y como base para el propio desarrollo físico y espiritual. En estas charlas recibimos muchos comentarios de los padres.

A los niños y sus madres por lo general no les gusta irse justo después de la clase, con lo que se alargan más y más.

Por la retroinformación de los padres hemos aprendido, entre otras cosas, las siguientes: los niños vienen voluntariamente a las clases y algunos de ellos incluso tratan de «transmitir su experiencia» a otros miembros de la familia. Les recuerdan a sus madres y abuelas que en casa cocinen sólo alimentos «sin matanza».

En estos grupos donde casi todos los niños tienen a «sus propios» adultos, no es deseable que algunos asistan sin una madre o una persona mayor cercana. Este tipo de situaciones les resultan muy difíciles de encajar. Algunos de ellos incluso tienen dificultades en el contacto con el resto del grupo.

Como resultado de asistir a las clases, las relaciones en la familia se vuelven mejores.

Con el tiempo, las madres y abuelas se integran del todo con el trabajo del grupo y disfrutan participando en todos los juegos. Dos de ellas, profesoras de un centro preescolar, empezaron a usar en su trabajo algunas modalidades de nuestros ejercicios.

Una de las abuelas, después de asistir a estas clases, comenzó a dormir mejor.

Las chicas que nos ayudaron (todas vinieron a este grupo como voluntarias; una de ellas era mi hija) también recibieron mucha ayuda de estas clases: desarrollaron la actitud emocional adecuada hacia los niños pequeños, lo cual es tan importante para las futuras madres. Además de eso, adquirieron experiencia en la gestión de grupos y desarrollan la creatividad mientras trabajan en la clase.

También quiero señalar que las sesiones con los niños se realizan con el mayor éxito sólo cuando los instructores se entregan totalmente a los juegos y meditaciones, cuando ellos mismos experimentan todo lo que les dan a los niños. Si el instructor «se aparta», aunque sólo sea un poco, los niños lo sienten de inmediato y la clase «colapsa»; los niños dejan de reaccionar a las palabras del instructor.

Personalmente recibí mucho de este trabajo. Expandió los límites de mi amor, me enseñó a sentir mejor a la gente, a simpatizar con ellos, a sentir la alegría junto con ellos. Yo misma me sentí tanto una niña como una conductora de la Luz del Amor Divino. Este amor me ayudó a trabajar en mí misma; abrió para mí el Camino del desarrollo.

 

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