Ecopsicologia
ecologia espiritual

El Nuevo Testamento y el trabajo espiritual con niños A.V.Kremenets


«El sembrador salió a sembrar su semilla. Mientras sembraba, alguna cayó por el camino, fue pisoteada, y las aves del cielo se la comieron. Otra parte cayó sobre roca y brotó, pero se marchitó porque no había humedad. Otras cayeron entre espinos, y los espinos crecieron y ahogaron las plantas. Pero otra parte cayó en buena tierra, y cuando creció, produjo cosecha de a ciento» (Lucas 8: 5-8).

Jesús el Cristo dijo esta parábola a Sus discípulos y la explicó revelando el sentido profundo de las imágenes de la semilla, el sembrador, y el terreno. «La semilla es la palabra de Dios; la semilla que cayó a lo largo del camino es por esas personas a las que el diablo viene después y se lleva la palabra de sus corazones, de modo que no pueden llegar a creer y ser salvos; la semilla que cayó en la roca es por los que escuchan la palabra y la aceptan con alegría, pero no tienen raíz, y creen por un tiempo, pero en el momento de la prueba se apartan; la semilla que cayó entre espinos es por los que escuchan la palabra, pero luego se van y se asfixian con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de este mundo, y no producen fruto; y la semilla que cayó en buena tierra es por los que, habiendo oído la palabra, la guardaron en el cálido y puro corazón, y con paciencia fructificaron» (Lucas 8: 11-15).

¿Cuál será la vida futura de los niños con los que tenemos contactos? ¿Serán capaces de elegir con beneficio para sí mismos la verdad en medio del flujo de información y de eventos que les rodean?

Si se preparó un buen terreno; si en la infancia uno recibió rica y polifacética información acerca del mundo; si se sentaron las bases de la ética, entonces el Camino espiritual de uno será menos sinuoso. Y si los adultos están sinceramente interesados en que los niños tengan una vida futura feliz —no en el sentido del éxito financiero, sino en el sentido del más seguro progreso en el Camino espiritual predeterminado por Dios— entonces tienen que construir relaciones con sus hijos de acuerdo con las normas Divinas que fueron dadas a la humanidad a través de Krishna, Gautama Buda, Jesús el Cristo, Babaji, Sathya Sai Baba, y otros mensajeros divinos [8,10-12].

El trabajo con niños en los grupos de autorregulación psíquica, descrito en los artículos de E.B.Ragimova, T.Matyatkova y M.K.Khaschanskaya, puede ser enriquecido con los temas del Nuevo Testamento. Este enfoque también se ajusta a los principios delineados en el artículo del Dr.Antonov Principios fundamentales de la enseñanza de la autorregulación psíquica a niños y adolescentes.

En la propia vida de Jesús el Cristo, en Sus gestos, discursos y parábolas, hay respuestas a muchas preguntas que pueden surgir en la vida de uno. Muchos aspectos de las relaciones del hombre con el mundo material, con otras personas y con Dios se reflejan en los Evangelios. Es importante que el instructor sea capaz de determinar lo más necesario para el niño en el momento presente y —teniendo en cuenta la edad y otras circunstancias del niño— impartir la información apropiada del modo más adecuado.

Usando el ejemplo de la vida de Jesús el Cristo, uno puede darse cuenta del principio mencionado en el artículo de Dr.Antonov: «El trabajo ético dedicado… debe sentar las bases de la ética en los estudiantes».

Uno principio más, mencionado en el mismo artículo: «El énfasis en este trabajo tiene que ponerse… en la expansión de los horizontes de los estudiantes, en informar a los estudiantes con el fin de ayudarles a elegir su forma de vida cuando crezcan».

Mediante el uso de los Evangelios, el instructor puede diversificar la información dada a los niños.

La información tiene que ser presentada en el formato que corresponde a la edad de los niños y, si es posible, teniendo en cuenta las peculiaridades individuales de cada niño, en aras de su más intenso y armonioso desarrollo en las tres direcciones principales: intelectual, ética y psicoenergética [3,6-10,13-16,24-28,41].

En el trabajo con los niños de cualquier edad, es necesario presentar la información de forma discreta. Si los niños no entienden lo que se les presenta, entonces uno debe tratar de entender la razón: tal vez la información se dio en una forma demasiado complicada, o las relaciones entre los niños y el instructor no hacen viable la comunicación en ese nivel de apertura que se necesita para impartir esta información, etc.

Un fallo en el trabajo con los niños tiene que ser interpretado como una indicación de que el instructor tiene que trabajar más en su autodesarrollo para poner en armonía sus aspectos éticos, intelectuales y psicoenergéticos.

Examinemos puntos importantes que nosotros hemos detectado en el trabajo con grupos de niños de diferentes edades.

A los niños de 4-6 años no les importa de dónde viene este o aquel principio de vida. Ellos sólo experimentan el trasfondo emocional que les rodea y se comportan en consecuencia. Si se trata de amor que les acepta como son, entonces los niños «absorben» el amor en sí mismos. Esto permite que el instructor despliegue las capacidades de los niños a máxima plenitud y acelerar su desarrollo. Si los niños no reciben el amor y, por otra parte, si se dirigen a ellos emociones negativas, entonces sufren, se vuelven reservados, o por el contrario, comienzan a comportarse llamativamente.

Por tanto en el trabajo con niños de 4-6 años, uno ante todo ha de crear la atmósfera de amor, la atmósfera de una actitud estable y tranquila hacia todos los estudiantes en el grupo, independientemente de sus características buenas o malas.

A esa edad los niños aceptan fácilmente la idea de su unidad con el mundo, percibiendo incluso objetos inanimados como seres vivos, asignándoles caracteres y hábitos. Así pues, los fundamentos de la educación ecológica son percibidos por estos niños como algo evidente por sí mismo: «es doloroso para un árbol si uno rompe sus ramas», «una flor no quiere ser recogida»; todo esto es muy comprensible para los niños pequeños; sólo hace falta enfatizarlo.

Los niños de 4-6 años también entienden muy bien que el Amor Divino está potencialmente presente en cada uno de nosotros y que puede iluminar nuestras vidas y la vida de todos a su alrededor.

El significado del Amor Divino se puede describir a los niños con la ayuda de la imagen de un sol viviente que reside en cada uno de nosotros. Los niños pequeños pueden imaginar fácilmente que dentro de sus pechos hay un sol que da a todos su tierna luz. A ellos les gusta mucho brillar y dar esa luz. Puede haber muy distintas variantes de este ejercicio:

— brillar desde el pecho,

— derramar este amor y luz desde los ojos con la ayuda de una sonrisa,

— brillar con las manos y los dedos,

— brillar con todo el propio ser.

Al narrar a los niños cuentos de hadas e historias, se pueden usar diversas metáforas bonitas y expresiones que se encuentran en los Evangelios, por ejemplo, una comparación de la gente buena con árboles que dan frutos buenos.

Los niños de 7-10 años han adquirido ya cierta experiencia de vida. Tienen con el mundo ciertas relaciones que se fijan a esa edad. Si los niños crecieron en una atmósfera de amor y asistieron a estas clases, están abiertos y bien dispuestos a aprender los principios éticos que se pueden entender a la edad de 7-10.

Si en cambio crecieron en una atmósfera de emociones negativas, a esta edad pueden haber construido ya una «protección» contra un mundo que no puede satisfacer su necesidad natural del ser amados.

Las manifestaciones de esta «protección» pueden ser variadas. Son apatía, falta de interés en los alrededores, comportamiento desafiante (sobrecompensación del complejo de inferioridad), etc.

Estos niños a menudo provocan emociones negativas en los adultos. Y esto, a los niños mismos, les demuestra que son «malos», haciendo que aumenten la «protección» frente a quienes les rodean, que no quieren ver la esencia interior del niño. De esta manera se produce el constante aumento de la tensión en las relaciones entre niños y adultos. En algunas familias es más manifiesto, en otras, menos.

En las clases de autorregulación psíquica es importante romper esta «cadena»: protección — reacción de los adultos — protección… En cada niño tenemos que encontrar algo bueno, algo especial, y ayudar a descubrir esto por debajo de la «máscara» protectora.

A veces es suficiente dejar que los niños expresen su opinión, prestar atención a sus palabras… y todas las «cohibiciones» se caen, y la «máscara» es abandonada.

Si los niños sienten que tienen la posibilidad de mostrar su valía, que el hecho mismo de su existencia es interesante para otras personas, entonces se vuelven sedientos de obtener nueva información de los adultos. Y para sentar las bases de la ética en los niños podemos contarles parábolas y relatos de los evangelios, junto con la información para ampliar sus perspectivas.

La vida de un grupo de adolescentes se desarrolla de acuerdo a ciertas leyes. Entre niños a menudo se producen conflictos. Si en vez de suavizar esas situaciones uno trata de ayudarles a examinar sus relaciones usando historias y parábolas de los Evangelios, eso puede cambiar su «escala de valores», hacerles éticos, amables y honestos.

A la edad de 11 a 14 los adolescentes tienen preguntas a las que aún no han encontrado respuesta. Ellos ya tienen una gama de formas de comportamiento; conocen diversos matices de las relaciones humanas; su actitud hacia ellos mismos ya se ha formado; y aparece en ellos el deseo de conocer los principios de este mundo. Hacen intentos de resolver los problemas que surgen sobre la base de los conocimientos que tienen. El trabajo en las clases puede ayudar a ordenar el conocimiento acumulado, a obtener nueva información, a distinguir lo verdadero de lo falso.

El uso de temas del Nuevo Testamento puede ayudarles a ordenar la información entrante, a aprender a controlarse a sí mismos, a soportar las dificultades de la vida que inevitablemente aparecerán.

En las clases con adolescentes la comunicación debe construirse en forma de diálogo. Es importante dar a cada niño la oportunidad de expresar su opinión. Esto puede ayudar a todos los miembros del grupo a ganar confianza en sí mismos, a aprender a respetar las opiniones de otros. Es muy importante enseñar a los niños que todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión. Y por lo tanto tenemos que dominar cualidades como la paciencia y la tolerancia.

El instructor tiene que analizar todas las clases después de que se han llevado a cabo a fin de comprender el estado y las necesidades de todos los miembros del grupo. Entonces podrá dar la siguiente parte de la información en la forma más adecuada, y conteniendo el significado que sea más importante en el momento actual.

Los temas de las discusiones y meditaciones pueden ser varios. Puede ser, por ejemplo, el tema del amor: «Amarás a tu Dios con todo tu corazón y con toda el alma y con toda tu mente» (Mateo 22:37), «Ama a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:39 ).

Por ejemplo, uno puede plantear preguntas como: «¿Por qué tenemos que cumplir estos mandamientos?», «¿Quién es mi prójimo?».

También es útil narrar la parábola de Jesús sobre un samaritano misericordioso: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, quienes le despojaron, le golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, cuando vio al hombre herido, pasó por el otro lado. Así también un levita, cuando llegó al lugar y lo vio, pasó por el otro lado. Pero un viajero samaritano llegó a donde el hombre fue herido y, cuando lo vio, sintió compasión por él. Se acercó y vendó sus heridas, echándoles aceite y vino. Luego le puso sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente dio dos monedas de plata al posadero, diciendo: "Cuida de él, y todo lo que gastes te lo pagaré cuando regrese por este camino".» (Lucas 10: 25-37). Así, un vecino no es el que, por ejemplo, tiene la misma nacionalidad que tú, sino que es cualquier persona amable.

De esto se puede concluir que TODAS las personas son hermanos y hermanas porque Dios ama a TODOS, y todos tienen la Luz Divina en su interior —Atman, el Espíritu de Dios que habita en nosotros—.

En este punto el instructor puede sugerir hacer la meditación de la búsqueda de la fuente de esta Luz Divina en el pecho, en el anahata. El pecho, el «hogar» de esta Luz, inicialmente está cerrado, bloqueado por «montones» de insultos, por las «piedras» de la envidia, inundado de la pegajosa pesadez del mal humor. Vamos a tratar de palear estos «montones» a un lado, para despejar el acceso a la «casa», para dar paso a la Divina Luz del amor. Sintamos cómo las ventanas de esta «casa» se van abriendo y el aire fresco va entrando; la Luz interior se hace más brillante; se vuelve difícil para ella tener sitio suficiente en el pecho… y se desborda sobre cada cosa alrededor: sobre nuestros amigos, sobre los árboles, las flores, los pájaros, por todo el espacio circundante, trayendo alegría y amor a todo el mundo.

Recordemos a alguien que era desagradable para nosotros hasta este momento. Lleguemos a ver que esa persona tiene la misma Luz en el pecho, aunque está bloqueada. Sintamos pena hacia él o ella y enviémosle un rayo de nuestro amor. Amemos a esa persona tal como es, pues Dios da a todos la posibilidad de ser mejores, más puros.

Antes de esta meditación es oportuno recordar la pregunta del apóstol Pedro a Jesús y la respuesta de Jesús: «¿Cuántas veces debo perdonar a un hermano que peque contra mí? ¿Siete veces?». «¡No te digo hasta siete veces, sino aun hasta setenta veces siete!» (Mateo 18:21-22).

El instructor también puede introducir la Regla de Oro en la vida del grupo: «Lo que quieras que otros te hagan a ti, así también haz tú con ellos» (Mateo 7:12).

Esta regla puede ayudar a resolver situaciones de conflicto y a tomar decisiones.

La Regla de Oro puede ser objeto de una clase particular.

Se puede usar como ilustración la historia de un rey y su siervo del Evangelio de Mateo. Un rey, movido a compasión, perdonó la deuda de su siervo, pero este siervo no perdonó la deuda de su consiervo y le llevó a la cárcel, olvidando que él mismo estuvo en la misma situación.

Uno puede discutir esta historia y dar diferentes ejemplos de la vida real. También se puede destacar que a veces es muy difícil perdonar y comprender: requiere esfuerzos y trabajo en reformarse a sí mismo, en vez de ira, condena, e intentos de reformar a los demás.

Nuestro desarrollo ¡sólo se produce por el autoanálisis, a base de esfuerzos por cambiarnos a nosotros mismos! Se pueden ganar nuevas cualidades del alma a través del trabajo sobre uno mismo, lo cual no debería posponerse, porque en el futuro aparecerán nuevas tareas que también necesitarán ser resueltas.

En las discusiones sobre temas espirituales es útil dar ejemplos de la vida de los adolescentes. Para hacer que se interesen \x{200b}\x{200b}en hablar sobre sus fallas el instructor tiene que explicar que todos nuestros problemas son lecciones dedicadas a nosotros. A veces no podemos darnos cuenta de qué es bueno y qué malo… hasta que lo encaramos. Y si en esta ocasión compartimos nuestras faltas sin miedo a ser condenados, nos vamos a beneficiar de dicha comunicación. Primero, al hablar de nuestras malas acciones nos deshacemos de su «carga» a través del arrepentimiento. Y en segundo lugar la experiencia de vida acumulada por nosotros puede ayudar a nuestros amigos a tomar decisiones correctas en situaciones parecidas.

A fin de que los adolescentes no sientan deseos de condenarse uno a otro en tales discusiones y otras situaciones, es útil discutir primero con ellos la pregunta: «¿Tenemos derecho a condenar a los demás?».

Todos caemos en nuestro camino de vida, tropezamos, y hacemos malas acciones. Como ilustración de esto uno puede recordar un relato del Nuevo Testamento: Una vez las gentes trajeron ante Jesús a una mujer «pecadora» y Le pidieron condenarla. Pero Jesús les respondió: «Que el que esté sin pecado entre ustedes tire la primera piedra» (Juan 8: 7). La turba se dispersó y pronto nadie quedó en torno a Jesús y la mujer. No se arrojó ni una piedra. Así pues, antes de empezar a condenar pensemos primero sobre si tenemos derecho a hacerlo; ¿estamos sin culpa? Imaginémonos a nosotros mismos en el lugar de esa persona a la que queremos golpear con una palabra o incluso por medio de un pensamiento. ¿Nos gustaría que nos hiciesen eso mismo a nosotros? Por lo general es difícil detenerse a pensar en esto, porque en esos momentos estamos enojados. A partir de este punto, el instructor puede orientar la discusión hacia el tema de la esencia de la ira y sus manifestaciones.

El mal nunca puede ser exterminado mediante el mal. El mal sólo engendra más mal. Únicamente el amor puede purificar al hombre del mal. A modo de ejemplo se puede recordar la historia de cómo Zaqueo, un recaudador jefe de impuestos, se volvió a la vida justa:

El publicano Zaqueo vivía en una ciudad llamada Jericó. Ofendía a las personas robándoles, cobrándoles más impuestos que los prescritos por ley. Cuando Jesús llegó a esta ciudad, Él no condenó a Zaqueo sino incluso decidió quedarse en su casa. Tal conducta inusual de Jesús cambió a Zaqueo al instante. El amor de Jesús llevó a Zaqueo al arrepentimiento (Lucas 19: 1-10).

El instructor puede sugerir la siguiente meditación: recordemos una situación en que condenamos a alguien. Revivamos esta situación mentalmente e imaginemos que Dios observa nuestra ira, nuestro rencor, y se ríe de que estemos enojados; desde fuera parecemos tan necios como esa persona con la que estamos enojados. Tratamos de entender a esta persona; le enviamos rayos de nuestro amor desde nuestros corazones espirituales.

Uno también puede discutir la naturaleza del mal. Por lo general realizamos malas acciones porque percibimos incorrectamente las cosas externas, y creemos que hacemos esas acciones en aras del bien. Uno puede narrar la historia de Saulo que, por sus creencias religiosas, era el peor enemigo de los cristianos. Pero tras recuperar su vista, comprendió y aceptó las enseñanzas de Jesús el Cristo y con el mismo vigor comenzó a predicar el cristianismo (Hechos 7:58; 8:3; 9:1-28).

Uno tema más: «Es fácil amar a quienes te aman». El mejor ejemplo de amor hacia todos es la conducta de Jesús en las últimas horas de su vida en la Tierra. Jesús sanó al siervo del sumo sacerdote, cuya oreja fue cortada por uno de los apóstoles durante Su detención en el huerto de Getsemaní. Jesús amó y se compadeció de las personas que crucificaron su cuerpo, porque «no saben lo que están haciendo».

Otro aspecto de las relaciones humanas puede sernos revelado en la parábola sobre un fariseo y un publicano: «Dios, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como ese publicano. Ayuno dos veces por semana. Doy diezmos de todo lo que gano», dijo el fariseo. Pero el publicano ni siquiera alzaba los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: (Lucas 18: 10-14) «¡Dios, ten piedad de mí, que soy pecador!». ¿Quién de estas dos personas era más honesto acerca de sus cualidades espirituales?

También se puede discutir el tema: «El que se ensalza a sí mismo será humillado, y el que se humilla a sí mismo será enaltecido» (Lucas 18:14). Al hablar de esto tratemos de responder a las preguntas: «¿Qué significa “se humilla a sí mismo”?»; «¿De qué manera sería exaltada tal persona?».

Si los estudiantes están listos para comprender profundas verdades espirituales, el instructor también puede discutir la siguiente: «¿Qué beneficio obtiene el que gana el mundo entero, pero hace daño al alma?».

Nuestros cuerpos se pueden asemejar a los automóviles en los que llevamos a cabo un viaje llamado «vida». La manera en que hemos vivido en la Tierra predetermina el lugar para nosotros tras la muerte del cuerpo. Recordemos la parábola acerca de un hombre rico y Lázaro. El rico tenía todo tipo de bendiciones materiales en su vida terrenal y disfrutaba mucho de ellas, pero no pensó en lo espiritual. Lázaro, por el contrario, era pobre, pero llevó una vida justa. Cuando salieron de sus cuerpos físicos, el hombre rico se encontró en el infierno, pero Lázaro fue llevado al paraíso. «¡Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua! Porque estoy atormentado en estas llamas.» Pero Abraham le dijo: «Hijo, recuerda que, en tu vida, recibiste tus bienes, y Lázaro, de igual manera, las cosas malas. Pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado» (Lucas 16: 19-31).

Desde esta parábola se puede llegar de forma natural a la discusión sobre lo que es el infierno y lo que es el paraíso, sobre la estructura del universo multidimensional y el lugar de Dios Creador en él.

Hay otra parábola que también es adecuada para este tema: la del insensato hombre rico, que pasó todo su tiempo reuniendo y amasando riquezas materiales. Habiendo amontonado riqueza material, anticipó para sí una larga vida llena de placeres usando esas riquezas, pero Dios le dijo: «¡Necio de ti!, esta noche será requerida tu vida. Las cosas que has preparado ¿para quién serán?» (Lucas 12:20). «¡Cuidado! Guárdense de toda codicia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (Lucas 12:15). «No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los devoran y los ladrones se abren paso y los roban» (Mateo 6:19). En esta declaración Jesús quiso decir que sólo los resultados de nuestro trabajo espiritual son realmente nuestros; que sólo estos resultados se mantienen con nosotros para siempre. Las posesiones materiales, por contraste, son temporales. Uno puede tener cosas buenas, vestirse bien, disfrutar de diversos dones materiales; todo esto es bueno y necesario para mantener el cuerpo físico en buena forma, pero esto no debe ser el propósito de la vida, no debe convertirse en nuestro principal objetivo.

Dos buenos temas de diálogo se hallan en la historia de Jesús y una samaritana: Jesús pidió un poco de agua a una samaritana, una mujer de nacionalidad diferente. Ella se sorprendió de que Jesús, un judío, no tuviera reparo en interpelarla, a diferencia de otros judíos. Jesús no mostró por Su conducta que ella fuese «inferior» a Él. Habiendo bebido algo de agua, dijo: «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero aquellos que beban del agua que yo les daré nunca más volverán a tener sed; el agua que yo les daré, en ellos se trocará en fuente de agua de la que mana la vida eterna» (Juan 4: 13-14).

En primer lugar aquí hay un tema sobre la igualdad de las personas ante Dios, sobre la inadmisibilidad de la arrogancia. Uno puede complementar este tema con la historia de cómo el apóstol Felipe convirtió al cristianismo a un grande de Etiopía (Hechos 8: 26-39).

El segundo tema que dimana de la historia de Jesús y la mujer samaritana es el conocimiento divino, del cual nosotros mismos podemos beber, y podemos darlo a beber a los demás. Y el amor hacia los demás, del que Jesús dijo que es la condición previa para la comprensión de la Divinidad.

«Cuídense de no realizar vuestros actos de caridad delante de los hombres, para ser vistos por ellos, o de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre Celestial. Los hipócritas (…) ya han recibido su recompensa» (Mateo 6:1;5), «Al hacer una comida o una cena, no llaméis a vuestros amigos, ni a vuestros hermanos, ni a vuestros parientes, ni a vecinos ricos, o tal vez podrían devolveros el favor, y remuneraros. Sino que cuando hagáis una fiesta, invitad a los pobres, a los mutilados, a los cojos o a los ciegos; y seréis bienaventurados, ¡porque ellos no tienen los recursos para compensaros!» (Lucas 14: 12-14)

¿Cómo deberíamos entender esto? ¿Literalmente? ¿O como un redoblado énfasis en el significado que debe atribuirse a las relaciones entre las personas? Una buena acción que se hace por motivo de ser alabado no es verdaderamente buena, ya que está motivada por la expectativa de la recompensa. Esto se puede ver muy bien con los niños pequeños: algunos de ellos se niegan a cumplir una solicitud por la recompensa prometida. Sienten que el amor no tiene por qué ser recompensado \x{200b}\x{200b}materialmente. Sin embargo, a menudo enseñamos a los niños a hacer algo a cambio de una recompensa material, formando así en ellos una escala equivocada de valores.

Muy a menudo uno realiza acciones que más tarde ocasionan lamentaciones: traición, falsas evidencias, violación de una promesa. Luego viene el dolor del remordimiento, el pesar por lo que se hizo. A veces, en tales casos, uno mismo sabe que uno está equivocado, pero algo le impide hacer lo correcto. Por ejemplo, uno dice una cosa, otro insiste en otra cosa, y entonces la confianza en nuestra rectitud se pierde en el flujo de las opiniones de los demás.

Tenemos que aprender a ser firmes en nuestras decisiones, ya sean pequeñas o grandes. La «conducta gregaria» a menudo domina en nosotros. Estando en un grupo de personas a menudo hacemos cosas que nosotros nunca haríamos por nosotros mismos. El ejemplo más clamoroso de este factor de «conducta de rebaño» fue la persecución de Jesús el Cristo. «¡Crucifícale, crucifícale!» —gritaba la multitud a Pilato, exigiendo la sangre de Aquel Que trajo a esas personas Su Amor, Aquél Que les sanó…

¿Qué puede ayudarnos a fortalecer la confianza en nosotros mismos, en nuestras capacidades? Aquí uno puede usar la historia de Jesús caminando sobre el mar. «El apóstol Pedro dijo a Jesús: “Señor, si eres Tú, manda que yo vaya a Ti sobre las aguas.” Él dijo: “¡Ven!”. Y Pedro bajó de la barca y caminó sobre las aguas para ir hasta Jesús. Pero cuando vio que el viento era fuerte, tuvo miedo, y al empezar a hundirse, dio voces diciendo: “¡Señor, sálvame!”. En seguida Jesús extendió Su mano, y se hizo con él, y le dijo: “¡Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”» (Mateo 14: 28-31).

También se puede hablar de la labor de perfeccionamiento del alma; que este trabajo es duro, pero digno de todo esfuerzo: «Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y restringida la senda que lleva a la vida; pocos son los que las encuentran» (Mateo 7: 13-14).

«Todos dieron de su abundancia, pero ella, de su pobreza, dio todo cuanto tenía para subsistir» (Marcos 12:44). Esta historia sobre dos pequeñas monedas de una viuda pobre puede servir como punto de partida de la conversación sobre cómo consideramos las obras de los demás. A menudo cerca de nosotros hay personas cuya contribución al trabajo o a otras cosas resulta imperceptible o no muy significativa, pero se hace con sus últimas fuerzas y con plena dedicación. Tenemos que detectar tales impulsos en las personas, apreciarlos y considerarlos como regalos preciosos.

Y un importante tema más: «Nada hay fuera de ti que, al entrar en ti, te pueda manchar; pero las cosas que proceden de ti, esas son las que pueden mancharte» (Marcos 7:15). Ninguno de los actos de otras personas, por repugnantes que sean, pueden en verdad ensuciarnos; sólo nuestras propias malas acciones y emociones nos ensucian.

Como conclusión, quiero decir lo siguiente. Este ensayo describe los principios para el uso de los temas del Nuevo Testamento en las pláticas y meditaciones en el trabajo con niños. Todo el que conduce clases para niños puede seleccionar del Nuevo Testamento el material necesario para casos particulares y darlo en el más conveniente formato para los niños.

Pero es importante recordar que algunos de los principios que figuran en los evangelios son comprensibles sólo para las personas de un nivel de desarrollo espiritual suficientemente alto. Y uno no debería dar tales complicados principios a los niños, ya que ello puede causarles perjuicio en su crecimiento.

Por ejemplo, «(…) Si alguien te golpea en la mejilla derecha, preséntale la otra mejilla también» (Mateo 05:39). Pero «poner la otra mejilla» puede ser un acto que deriva de la propia fuerza o de la propia debilidad; sólo la primera es correcta.*

En cuanto a los guerreros, tienen que poseer las cualidades de las cuales Juan el Bautista dijo: «Los que tengan dos capas, que den a los pobres que no tienen ninguna. Los que tienen comida, que hagan lo mismo. No reclamen más de lo que les fue asignado. A nadie extorsionen, ni acusen a nadie injustamente. Estén contentos con sus salarios» (Lucas 3:11-14).

O, por ejemplo, la historia de Marta y María: María se sentó junto a los pies de Jesús, escuchando atentamente cada una de Sus palabras, y no ayudó a su hermana con los preparativos. Cuando Marta pidió a Jesús que enviara a María para ayudarla Jesús respondió: «Marta, Marta; te afanas y te preocupas con muchas cosas, pero una cosa es necesaria. María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada» (Lucas 10:38-42). Pero a fin llegar a ser como María, uno tiene que aprender primero a llevar una casa, para desarrollar en uno mismo las cualidades de un cabeza de familia. Uno tiene que llegar a ser como María no por pereza e incapacidad, sino porque uno ha conocido el trabajo en el plano material; porque ha dejado de temer a cualquier trabajo.

Al trabajar con los niños, familiarizándoles con el mundo, ampliando su perspectiva, dándoles los fundamentos de la ética, sentamos las bases sobre las que van a construir sus propios templos espirituales cuando maduren.

Debemos desarrollar diversas habilidades prácticas en los niños, enseñarles a vivir sus vidas de manera activa. Entonces en este suelo bien preparado, el buen fruto de la Palabra Divina crecerá.

 

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