Ecopsicologia
ecologia espiritual

Medios estéticos de autorregulación psíquica para niños E.I.Dubinskaya

Una de las tareas de las clases para niños basadas en el sistema de autorregulación psíquica desarrollado por la Escuela del Dr. Antonov es ayudar a los niños a percibir el mundo como algo hermoso, multiforme, milagroso, y amable.

En esta época nuestra en que las relaciones entre personas están llenas de tensiones y dificultades es muy importante enseñar a los niños a vivir en un estado de calma y alegría, para que estén seguros de sí mismos y sepan qué hacer en diferentes situaciones.

Los medios estéticos basados en la actividad creadora artística (cuentos de hadas, poesía, canto, música, mimo, danza, juegos, pintura) pueden ser muy útiles en el trabajo con niños. Contienen simbolismos, vivacidad y elementos creativos, y permite que los niños aprendan más sobre sí mismos, o sea, les brinda la posibilidad de saber sobre sus propios estados internos, emociones y valores; de conocer las relaciones que existen en la sociedad; de hacerse más cercanos a la naturaleza.

Nuestra experiencia de trabajo con niños menores de 10 años demostró que las clases resultan de lo más exitosas si se llevan a cabo en forma de un cuento de hadas que incluya elementos de meditación y ejercicios psicofísicos. Los niños asumen fácilmente las imágenes de los héroes de los cuentos y siguen las órdenes del instructor de buena gana. Además de eso, una fábula puede convertirse en una poderosa lección emocional y ética para ellos.

Por ejemplo, al narrar el cuento El padre Frost, donde una chica trabaja para el padre Frost (amasa pasta, esponja su colchón de plumas, pica leña, lava su ropa), el instructor puede sugerir que los niños demuestren cómo hizo esos trabajos, y esto se convierte en gimnasia para sus articulaciones. Si en este quehacer se incluye el trabajo con la luz (masa dorada bajo las manos, colchón de plumas lleno de copos de nieve plateados que cubren las manos cual polvo brillante, penetran por ellas, se funden y fluyen como corrientes de agua pura), entonces esto limpia los canales de energía de las manos.

También se puede contar la historia de cómo una cría de elefante despejó el camino de un arroyo bloqueado con piedras y regó flores y árboles que sufrían de sequía. Esto se puede utilizar para llevar a cabo pranayamas para los meridianos de los brazos. En este ejercicio, los brazos (uno tras otro) juegan el papel de la trompa del elefante, etc.

Otro elemento interesante en el trabajo con niños son los versos. Por ejemplo, se pueden usar versos para la meditación introductoria:*

Organicemos hoy un amanecer mágico:

vamos cuesta arriba, hasta el cielo,

y tomamos una brazada de rayos brillantes.

Añadamos a estos rayos amarillos

un haz de ramas verdes,

un trozo de cielo, el sonido de un arroyo,

y pequeñas aves de varios colores.

Agreguemos un poco de viento cálido,

la fragancia de las flores,

el sonido de la hierba

y un poco de agua azul.

¡Mezclemos todo junto!

Cerremos nuestros ojos

y podemos convertirlo en el amanecer mágico.

Sólo hemos de desear a todo el mundo alrededor:

¡Que todos tengan paz, felicidad y calma!

¡Que todos sean amados, hermosos y amables!


Los niños que hablan un buen y rico lenguaje pueden: pensar mejor, describir con acierto sus estados psíquicos, entenderse mejor a sí mismos y a otras personas, y comprender su propia experiencia así como la de los demás; sus emociones están más diferenciadas.

Para entrenar esta habilidad en los niños se les puede sugerir que creen historias, cuentos de hadas. El instructor empieza a hablar sobre un determinado tema y pide a los niños que continúen la historia.

Otra variante de este ejercicio es volver a contar la historia desde el final al principio.

Contar una historia en imágenes, sobre muñecas que salen de una «bolsa mágica», el humor, hacer un juego junto con la narración; todo esto aumenta en los niños la alegría de hacer estos ejercicios.

Es muy importante enseñarles a cambiar con fluidez sus estados emocionales, a ser conscientes de ellos, a corregir esos estados y utilizarlos con toda deliberación.

La interacción directa del instructor con cada niño ayuda a realizar mejor cada tarea en particular. Por ejemplo, al practicar la relajación el instructor puede levantar el cuerpo de un niño y llamar la atención de los demás sobre cómo los brazos relajados y las piernas cuelgan y giran libremente, cómo el cuerpo se dobla y la cabeza cuelga. He aquí un ejercicio adicional para relajación y para establecer contacto entre el niño y el instructor: el niño está de pie, de espaldas al instructor y, en estado de relajación, cae hacia atrás a las manos del instructor.

Para eliminar la tensión o excitación excesiva en los niños se puede usar la relajación en el contexto del movimiento. Los niños imaginan que son jóvenes manzanos flexibles cargados de frutas. Las manzanas empiezan a madurar, caen y dan en el suelo. Las hojas amarillas caen junto con las manzanas. Vemos cómo bailan en el aire, giran lentamente, caen… Junto con las hojas, nuestras angustias, tristezas y ofensas se desprenden. Nuevas hojas —jóvenes y tiernas— comienzan a crecer en las ramas.

Hay otra meditación similar, que incluye trabajo con la voz: somos aviones en la salida. Ante nosotros hay un camino difícil y largo; nos espera un cielo azul puro. Sentimos alegría y emoción. En el interior del tórax de cada uno, como estando en la cabina del avión, hay un piloto listo para guiar el avión. El cuerpo del avión hace todo lo que manda ese piloto. Ahora este aprieta un botón. El avión se estremece, sacude la nieve de sus alas. Nos despojamos de la somnolencia, la pereza, la irresolución. Los motores comienzan a trabajar. Un poderoso retumbo proviene del centro del fuego, desde el vientre. El avión retiembla; vibra con el estruendo, oscila arriba y abajo. El estrépito aumenta. El avión acelera y despega. Y entonces ya sólo existe el cielo puro alrededor y el sol de la mañana que vuelve dorado al avión; motas plateadas de luz solar danzan sobre todo el fuselaje.

Las clases pueden incluir mimo, cuando los niños hacen una obra de teatro para aprender posturas, andares, movimientos expresivos, gestos, expresiones faciales. Los ejercicios de mimo ayudan a los niños a superar barreras en la comunicación con otras personas, a conocer mejor el cuerpo, a comprender mejor a otros, y les da oportunidades de autoexpresión. Al representar cortas obras de teatro silenciosas como la Fiesta de cumpleaños, Petición de ayuda, El pez dorado en el acuario, Habitantes del cielo: planetas, estrellas y galaxias, los niños sienten la benévola y amorosa atmósfera de todo el grupo y su propio lugar en él; expresan sus individualidades. Los mimos Sombra, Tienda de espejos, El chico viceversa, Lapso de tiempo, mejoran la coordinación motora, enseñan a prever los movimientos de los demás. En las parodias Muchacho curioso, Primera nieve, Encuentro con un amigo y Visita a un paciente, los niños aprenden a imitar diferentes estados emocionales. El énfasis se pone en las emociones de amor: la ternura, la simpatía, la compasión, la empatía.

Los niños desarrollan la capacidad de sentir los estados de otras personas, de los animales y de la naturaleza. Una charla sobre los principios éticos, sobre la conciencia, puede aumentar el efecto de los ejercicios.

En las etapas iniciales del trabajo del grupo, uno utiliza juegos que permiten a los niños familiarizarse unos con otros, les ayudan a unirse en una gran familia y crear una atmósfera amistosa.

Por ejemplo, puede ser el juego ¿De quién es la voz?, que se realiza de la siguiente manera: cuando la relajación en la postura de la media tortuga termina, el instructor toca uno de los niños, y él o ella dice: «Soy yo». Los demás tienen que adivinar de quién es esa voz.

Juego Quién ha desaparecido: Uno de los jugadores se gira, y otros se ocultan. Al darse la vuelta, el primer jugador ha de decir quiénes se han escondido y en qué han cambiado las posturas de los demás.

Juego Bambolear sobre las olas: Un niño descansa en una alfombra con los ojos cerrados y los demás, formando un círculo, levantan la alfombra con el niño y le mueven suavemente. (Esto desarrolla la confianza mutua y la actitud cuidadosa, y elimina el sentimiento de soledad). En nuestras clases, los niños empezaron a crear cuentos para todos al hacer este ejercicio. Movieron a un niño como la cálida brisa mece a un pequeño polluelo en una rama; a otro niño le sacudieron como el viento mece a una arañita en una telaraña volante; a un tercero, como las olas mecen suavemente a un lirio de agua.

Los niños también pueden jugar así: la mitad de ellos se convierte en las olas y la otra mitad, en la orilla. Las «olas» llegan a la «orilla», la abrazan tiernamente, y se retiran. Y otra vez, con nueva fuerza, trayendo más amor, las «olas» llegan a la «orilla». Luego los jugadores cambian sus roles.

En los juegos se debe poner el énfasis en una actitud cuidadosa hacia los demás, la ayuda y la asistencia mutua. Esto se puede complementar con las charlas sobre la bondad, la justicia, la honestidad, no ofenderse en el juego, como tampoco en la vida. La tarea del instructor es revelar y hacer hincapié en las habilidades de cada niño y, sin llamar la atención del resto del grupo, ayudar a cada niño a hacer lo que él o ella no pueda hacer bien.

Se puede realizar el siguiente juego-meditación. Un niño está en el centro del círculo formado por los demás. Por todas partes alrededor tiene el mar de nuestro amor. Con nuestras manos, creamos olas y las enviamos al centro. ¡Dejemos que las olas de nuestro tierno amor eleven muy alto al que está en el centro!

El siguiente juego-meditación se volvió uno de los preferidos por los niños: Adivina quién soy. Aquí el jugador principal retrata a un pájaro o animal y los demás tratan de adivinar cuál es.

Hacer el papel de zorrillos, osos, gorriones, gotas de lluvia y hojas que caen en otoño trae mucho conocimiento interesante y novedoso acerca del mundo. Se convierte en un medio para descubrir algo nuevo sobre un objeto o fenómeno.

Por ejemplo, identificándose con las gotas de agua en una nube a punto de llover y empapar la tierra de humedad, los niños en nuestras clases podían sentir la forma de una gota y cómo se siente atraída por la tierra. Observando distintos estados del agua llegaron a la conclusión de que nada se esfuma del todo, sino sólo cambia su forma.

Antes de los juegos dinámicos, por ejemplo, Gorriones saltando, a los niños se les dio una breve meditación que les sintonizó con la temporada anual de primavera. Para retratar a un gorrión hubo que rememorar un día soleado de primavera, el cielo azul puro, el olor de la frescura. Escuchamos el sonido de alegres arroyos. Los gorriones aletean juguetones entre las ramas de los árboles. Su sencilla canción «chiv-chiv», «zhiv-zhiv» celebra el despertar de la naturaleza, ya llega la primavera. Un gorrión salta confiado al borde de un charco. Ahueca sus plumas y empieza a bañarse en el agua calentada por el sol. Limpia su plumaje, extiende sus alas, chapotea en el agua, luego peina sus plumas con el pico y se sacude. Gotas de agua salen volando por todos lados; en ellas se reflejan un millar de diminutos soles de primavera.

En nuestras clases a menudo usamos juegos para el desarrollo de la atención, la inteligencia, la memoria y la coordinación motora.

Para desarrollar la espontaneidad creativa usamos juegos de rol. El instructor sugiere un cierto tema a los niños y ellos se convierten en los autores, directores y actores de la representación. Esto les da la oportunidad de darse cuenta de su responsabilidad por su conducta, emociones y pensamientos.

La música puede desempeñar un papel significativo en los juegos y en cualquier otra sección de la clase. Componer retratos musicales de personas y objetos, que expresen las propias impresiones a través de la música y el canto es uno de los juegos más cautivadores.

La música está estrechamente relacionada con la danza, que es también un medio de autoexpresión.

Valiéndose de meditaciones-danzas, los niños pueden representar las estaciones, los elementos de la naturaleza y otras varias imágenes.

Danzas y música establecen equilibrio entre el mundo interior del niño y el mundo exterior, armonizan el estado interno de acuerdo con el externo o viceversa, y permiten que la belleza interior se manifieste en la forma externa.

Bailes, juegos de rol y parodias de mimo se pueden combinar bien con la pintura retratista. El contenido de las imágenes suele convertirse en el tema de una obra de teatro realizada por los niños.

Para hacer que cooperen entre sí y se vuelvan emocionalmente más cercanos unos a otros, es bueno hacer que realicen algún trabajo juntos: dibujar una imagen común en una hoja grande de papel, o hacer juntos la «creación de mundo en arcilla», o que cada niño comience a pintar algo importante para él o ella y luego pase la obra inacabada a su vecino de la izquierda y, al recibir la obra del vecino de la derecha, pinta algo en ella y sigue así sucesivamente.

Se puede tomar cualquier tema para la pintura: pintar una danza, pintar la música, pintar con ayuda de plantillas, pintar figuras convencionales, o incluso manchas. La pintura calma a los niños, elimina tensiones y desarrolla la creatividad.

A los niños les encanta trabajar con plastilina. En las clases, no sólo modelamos objetos específicos, sino que tratamos de expresar nuestros propios estados mediante la forma, el estado de ánimo o la naturaleza del objeto. Por ejemplo, se puede modelar un árbol fuerte, poderoso o uno grácil, elegante, y luego combinar esas cualidades en un mismo árbol, etc.

* * *

Demos algunos ejemplos de ejercicios psicofísicos adaptados para niños de menos de 10 años:

En otoño cayeron a tierra las bellotas de un viejo roble ramoso. Durmieron todo el invierno, cubiertas por hojas caídas y la suave y esponjosa manta de la nieve. Luego el sol de primavera derritió la capa de nieve. El agua del deshielo empapó las bellotas. (Los niños-bellota duermen profundamente yaciendo en la postura de la media tortuga. Entonces, con movimientos y expresiones faciales muestran cómo las bellotas se hacen más grandes). Las bellotas se hincharon; sus cáscaras se rompieron y surgieron brotes tiernos que empezaron a crecer hacia el sol. El brote sube hacia la luz, crece más y más hacia su meta. Nos ayudamos con las manos, con movimientos del cuerpo. Nos falta un poco para llegar a la superficie. Hacemos un esfuerzo más, nos empujamos a nosotros mismos y llegamos al espacio abierto. Sentimos que aquí todo es diferente. Inhalamos aire fresco. Seguimos haciendo movimientos... que nos ayudan a crecer. Nos sentimos atraídos por el sol. Descubrimos por nosotros mismos un nuevo mundo. Hemos estado durmiendo y no sabíamos qué maravilloso es el mundo que nos rodea; no veíamos su belleza. Sólo sabíamos de nuestra casita-bellota. Pero muy poderosas fuerzas estaban ocultas, encantadas en ella. ¡El agua del deshielo, la luz del sol, y el aire de la primavera nos liberaron de ese encantamiento! ¡Fuimos liberados para la nueva vida, interesante, consciente! ¡Tenemos que ser capaces de lograr mucho! ¡Crezcamos, esforcémonos hacia la luz!

… Todos los niños conocen las palabras: «¡Paz, paz, paz, y no más peleas!»*. ¿Te ha pasado alguna vez reconciliarte con otras personas con ayuda de esas palabras? ¿Qué opinas?: ¿son acertadas todas las palabras de esa expresión? ¿Te sonaría mejor si terminara así: «¡En vez de pelear, sonriamos!»? A menudo sucede que el sentimiento de ofensa se ha ido y podríamos reconciliarnos y jugar juntos, pero es difícil dar el primer paso. En esos momentos podemos encontrar útil el siguiente ejercicio. Pongámonos de pie erguidos, relajando el cuerpo y alcemos una mano. Sintamos la palma de la mano como si su centro estuviera siendo calentado por el sol. La luz del sol fluye a través del brazo hasta el pecho. Ahora sintamos este calor soleado en el pecho. Entonces empezamos a lavar el espacio que nos rodea con esta luz que mana del brazo-surtidor. Con la mano trazamos líneas fluidas. Nos dirigimos a diferentes lados. Trazamos líneas cerca del cuerpo y a través de él. Sentimos cómo ha cambiado nuestro estado. Ahora estamos tranquilos, amorosos, indulgentes y magnánimos. Si alguien no se portó como yo quería, ¿quizá es su respuesta a mis obras? Yo perdono esas respuestas. Tengo que ser más sabio. Voy a portarme con los demás como quiero que se porten conmigo. Me sentiré el único responsable de mis propias acciones. Voy a actuar de la mejor manera y, al hacerlo, voy a ser feliz. De hecho ¡sólo las personas generosas pueden ser felices, los que dan su amor y sonrisas al mundo!

… Una gallina-madre se sienta sobre los huevos y calienta a sus hijos. Imaginemos que somos esos polluelos dentro de los huevos. Nos sentimos bien dentro de la casa-huevo. Toquemos la pared de la casa-huevo con los codos, piernas, cabeza. Movámonos un poco, girando en el interior del huevo. Ahora sentimos que hemos acumulado suficiente fuerza y \x{200b}\x{200b}tenemos el deseo de saber qué produce ese ruido exterior y de dónde viene este flujo de calor y amor. ¿Es hora de salir del cascarón? Pongamos los pies y manos contra las paredes del huevo y empujemos. Una primera pequeña grieta aparece en la cáscara. Un rayo de clara luz entra en la casa como por una ventana. Agrandamos esta ventana. Expulsamos trozos de la cáscara, que impiden que la luz nos llegue. Asegurémonos de que los eliminamos por todos los lados. Aquí un trozo de cáscara está pegado a la cabeza. Con precisión lo quitamos. Intentemos adentrarnos en este para nosotros insólito mundo de luz. Levantamos las manos… y nubecillas de luz llegan a nuestras manos, y las manos descienden con esta luz. Repetimos esto varias veces. Con cada nuevo trayecto la luz se hace más sutil y tierna. Las olas de amor y felicidad ruedan hacia nosotros desde todos lados; ¡hemos nacido en este mundo maravilloso! Miramos alrededor con asombro. Cada uno ve hermanos y hermanas en torno a sí. Nos acercamos unos a otros. Miremos a los demás como si fuera la primera vez. ¡Qué felices somos, qué alegres, traviesillos y divertidos! ¡Nos queremos abrazar unos a otros! En el pecho sentimos un cálido sol amarillo. Enviemos dulces rayos desde el corazón unos a otros. ¡Dejemos que estos rayos nos abracen igual que lo hacemos nosotros!

… Imaginémonos de pie en el centro de la arena de un circo colmada de brillante luz. El primer número es el de los malabaristas. Con movimientos rápidos y hábiles lanzamos imaginarias bolas de plata. Nuestra atención se centra en los movimientos de las manos.

… Ahora hacemos girar un bastón luminoso. Cada uno de nuestros dedos trabaja; el cuerpo se está llenando por dentro de calidez y luz.

… Estando acostados levantamos los pies a lo alto y con ellos hacemos girar un gran tambor de luz dorada. Movemos los pies con rapidez. Sentimos un agradable calor, y la luz blanca aparece en los pies y articulaciones de los tobillos, como si diminutas bombillas se encendieran en ellos. La rotación se vuelve más rápida; la luz se hace más brillante. ¡Ahora ambas piernas, hasta las rodillas, están llenas de luz! Con ellas impulsamos el tambor hacia lo alto y luego lo recibimos con los pies. Notamos nuestras piernas elásticas; en nuestras rodillas aparecen blancos manantiales de luz. Nos levantamos y empezamos a saltar. Los muelles no nos dejan parar; se comprimen y se expanden. Las piernas se calientan más; ¡se ponen al rojo vivo y brillan más! ¡Saltamos más y más alto, igual que en un trampolín! Nos dirigimos a diferentes lados con cada salto.

… Y ahora vamos a ejecutar un baile con una cinta de oro que destella bajo los rayos de la luz. Movemos la cinta haciendo ochos. Giramos, hacemos bucles. Las cintas son largas; se enroscan alrededor de nuestros cuerpos. Llegamos a estar envueltos en capullos dorados.

… Y, finalmente, un entrenador de animales sale al ruedo con sus alegres perros. Somos estos perros. ¡Y bailan un vals sobre sus patas traseras, reciben dulces, y en círculo danzan ladrando con alegría!

… El último número del show son los caballos veloces. Alzando sus rodillas, los caballos saltan en torno a la arena. El entrenador da una palmada y ellos se paran en seco. Otra palmada y vuelven a correr lanzando hacia atrás sus patas traseras. Otra palmada más, y corren estirando hacia adelante sus patas delanteras. De nuevo otra palmada y corremos de costado.

Luego descansamos en una asana de relajación.

* * *

Resumiendo los resultados de nuestras clases de medio año, los niños respondieron por escrito a varias preguntas. Ellos creían que habían aprendido:

— a mantener la calma y controlarse a sí mismos;

— a hacer el bien a todos en el mundo;

— a comportarse con honestidad y justicia;

— a creer en la existencia de Dios;

— a descubrir algo nuevo;

— a transformarse;

— a amar a todos.

A la pregunta sobre qué cualidades desean adquirir, escribieron que quieren llegar a ser buenos, tiernos, fuertes, hermosos por fuera y por dentro, quieren desarrollar habilidades poco comunes, viajar a diferentes lugares y en diferentes momentos, comprender a los demás, comprender sus sentimientos para distinguir a las personas buenas y malas, cambiar su propio carácter habiendo dominado el autocontrol.


Quedó claro por las respuestas que todos asistieron a las clases con placer. Especialmente les encantaba pintar, jugar, y hacer obras de teatro. Una niña escribió que a ella le gusta asistir a clases porque aquí todo el mundo es amado por igual. Un tercio de los niños escribió que les gustaba más que nada relajarse y meditar con música.

Es una gran dicha para el instructor ver cómo las almas de los niños crecen y florecen; crecer junto a ellos, y darse cuenta de que cada clase, así como la vida entera, ¡es trabajo creativo!

* * *

Apéndice: Escenario del cuento de hadas Bosque cantarín:

Había una vez un bosque verde. No era sólo un bosque verde sino un cantarín bosque verde. Los abedules cantaban las tiernas canciones de los abedules, los robles las antiguas canciones de los robles y los sauces las canciones pensativas de los sauces. Todo alrededor cantaba. El río cantaba; el arroyo del bosque cantaba también; pero los mejores sones eran, sin duda, los de las aves. Los herrerillos cantaban tonadas azules; los rojos zorzales cantaban canciones de colores rojos; y los jilgueros sus cánticos de oro. Escuchemos un momento cómo sonaba aquel bosque (los niños escuchan música: Viaje dorado a Mibukla).

¿Sabes cómo se creó tan hermosa melodía? ¿Por qué cada planta y cada ave podía sin duda hallar la tonada que le es propia, y que encajaba perfecta en la gran común orquesta? Pues fue así como ocurrió porque todos en el bosque cada día lo empezaban con sus deseos de amor, bondad y felicidad dirigida a todo el mundo, a todos los seres vivos. Junto a los bellos sonidos y cantos la luz sutil del amor y de la calma se irradió por todas partes de ese mágico lugar. ¡Unámonos a esa luz con nuestros rayos más tiernos que vienen del corazón y enviémoslos hacia adelante, diciendo: «¡Que todos los seres tengan paz! ¡Que todos los seres tengan calma! ¡Que todos los seres tengan éxtasis!».

El bosque, cada mañana, se lava con el rocío, el puro rocío fresco, tan limpio y tan transparente. Los alegres pajarillos, habiendo bebido ya varias gotas de rocío, comenzaban a cantar como el tañer de campanas, plateadas campanillas sobre los abetos verdes. ¡Déjame que te recuerde cómo bebemos rocío! Con toda delicadeza nos bebemos sus gotitas, como invitando al rocío a que nos cubra por dentro. Y en nuestras bocas sentimos su deliciosa tersura, su fragancia delicada, su don sutil y risueño.

Imaginemos: me inclino sobre la grande corola de una flor esplendorosa y, junto con el rocío, su néctar embriagador derrama en mí su fragancia. El polen de sus estambres cae sobre mí como lluvia, lluvia dorada de lo alto que me envuelve cual nube de oro, y penetra en mi interior, y llena mi cuerpo de luz, adorable luz dorada. Observo cómo una ola de dulce oro acariciante pasa a través de mí y empapa todo mi cuerpo de la cabeza a los pies. Ahora ya oscila mi cuerpo; ¡deja que cimbree libre! ¡Deja que acoja esas aguas meciéndose muy suavemente! ¡Deja que sea bañado en ese flujo que es de oro! ¡Deja que tus manos suban, que bailen como las hojas, así como bailan las algas en un mar de luz muy dorada, cálida luz y apacible, luz muy tierna, luz caricia y luz bendita, marea de amante luz.

(Los niños hacen la relajación en la postura de la media tortuga. La narración continúa durante la relajación:)

Los cantos del bosque verde no eran todo el año iguales, y con los meses cambiaban. Incluso cada día nuevo traía sus cantos nuevos, y aún cada hora inspiraba diferente a los cantores trinando sus melodías:


Muy temprano en la mañana,

las canciones de los abedules y de los pinos,

las canciones felices, sonoras, rosadas.

Durante el día, las canciones de oro y de dulzura,

las canciones de la miel y de la resina.

Y por la tarde, las canciones diversas:

de rojo y azul, de amarillo y de lila,

las cancionetas muy placenteras de menta.


Así vivió este bosque cantarín. Todos gozamos sus cantos, el ciervo y el zorro iguales, también la ardilla y la liebre. ¡Todo el mundo disfrutaba y estaba feliz en el bosque!

Y debajo de la tierra el topo cavó pasajes, túneles y laberintos. A él también le gusta mucho escuchar esas canciones. En especial le gustaban los cantos del petirrojo, y temprano en la mañana se abría paso hacia allá, hacia los trinos primeros de su cantor favorito.

Escuchemos los sonidos todo a nuestro alrededor, tal como lo hacen los topos. Por encima de nosotros, una melodía suena, maravillosa canción. Sólo unos pocos sonidos conseguimos percibir… Por encima de nosotros, sintamos ¡qué pura es la luz! Y en el cielo un amoroso gigante, ¡el amantísimo Sol! ¡Cómo no querer estar cerca y más cerca de él, aunque sólo sea un poco! Él da su luz y su amor por igual a todo el mundo, a todos los seres vivos. Y lo cerca que lleguemos de su amante compañía ¡depende de nosotros sólo, depende de nuestros esfuerzos! Es con nuestras propias manos como apartamos a un lado todas las capas oscuras de la tierra; nos empujamos arriba. Cuanto más avancemos, más fácil es moverse… ¡Hagamos un último esfuerzo, lleguemos a la superficie! ¡Nos deleita la canción del querido petirrojo, en la luz y en el calor! ¡Sentimos felicidad, satisfacción a raudales, pues logramos superar los obstáculos que hubo! ¡Somos fuertes! ¡Nos las hemos arreglado para cruzar a través de este difícil camino!

Tras mostrar su gratitud tanto al sol como al cantante, ya continúan los topos su subterráneo trabajo, pero brilla ya en el pecho de cada uno de ellos un muy tierno, amable y claro sol. Es el mismo Sol de lo alto. Por eso van los topos tan contentos y radiantes ¡y por eso nunca olvidan dar los rayos de sus soles a todo aquel caminante que por el mundo se topan!

Nos acercamos a otros y brillamos al instante con los rayos del amor. Sentimos cómo el sol crece… en el pecho, cómo aumenta y ya se vuelve más brillante cada vez con ansias de calentar y de alegrar a otras almas. ¡Desde el pecho nuestras manos y nuestros brazos se abren de par en par a los lados, y derramamos ternura y derramamos bondad!

 

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